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Una inversión en ventilación que se amortiza en 6 años

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Cuando se reúnen técnicos y cunicultores en foros, congresos y jornadas hay muchos temas que salen a la luz, pero uno de ellos es la necesidad de hacer las cosas bien, antes que echar la culpa a factores ajenos. En este sentido, no cabe duda de que un tema importante para la productividad de la granja es el buen estado de las instalaciones, que no siempre son como deberían ser...

Una inversión en ventilación que se amortizó en 6 años

Marisa Montes

redaccion@avicultura.com

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Cuando se reúnen técnicos y cunicultores en foros, congresos y jornadas hay muchos temas que salen a la luz, pero uno de ellos es la necesidad de hacer las cosas bien, antes que echar la culpa a factores ajenos. En este sentido, no cabe duda de que un tema importante para la productividad de la granja es el buen estado de las instalaciones, que no siempre son como deberían ser. Debido a la crisis por la que está pasando el sector, las inversiones en las granjas no son fáciles: no hay margen de beneficio en muchas de estas explotaciones familiares y para más INRI los bancos han cerrado sus puertas a la financiación. Por eso los cunicultores a veces no quieren ni oír hablar de invertir sus ganancias en el negocio, pero lo cierto es que, por poco que se pueda, vale la pena. Los técnicos no se cansan de repetirlo: hay que invertir en todo lo que ayude a la granja a producir más y a menos coste.

Un caso de éxito en este aspecto es la granja Rafael Segura Ferrer, situada en Portell (Castellón). Su propietario fue consciente de que la explotación no podía seguir con aquellas condiciones de infraestructura anticuadas –aún iba con ventilación natural, por ejemplo-, así que decidió realizar una importante inversión y dotarla de ventilación automática, buscando mejorar sus producciones. La apuesta le costó 90.000 euros –contando también el gasto de una pequeña construcción de obra y el coste de traer la electricidad hasta la zona-, que afortunadamente los ha podido amortizar en el plazo de sólo 6 años (la inversión solo en ventilación fue de 40.000 euros).

Rafael Segura realizó una importante modernización de su explotación dotándola de ventilación automática con equipos de EXAFAN

Rafael Segura tiene 1.000 madres en su granja de Portell de Morella, a la que se accede por caminos de montaña que van ascendiendo hasta que, al fin, su explotación se descubre en la lejanía recortándose en un cielo salpicado de molinos de viento, generadores de electricidad que le dan el contrapunto de modernidad a esta otra actividad económica, de las más antiguas de la humanidad. El entorno es un paisaje seco, en el que abundan las encinas.

Como hombre inquieto que es, Segura no se conformó con un solo núcleo para criar a sus conejos, sino que además de este que es de su propiedad, posee otra granja alquilada en Cantavieja –ya en la provincia de Teruel, situada a muy pocos kilómetros- en la que cría otras 1.000 madres más. Un trabajador en cada granja le ayuda en las tareas del día a día, además del tiempo que le puede dedicar él mismo, que acude a diario desde su domicilio de Vilafranca, también próximo a la zona.

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Los nidos, hechos con viruta, estaban preparados ya para el parto.

Iniciándose en el sector

Rafael levantó la granja con sus propias manos. Hizo las naves de obra que pudimos ver durante nuestra visita, y a medida que su producción crecía las tuvo que ampliar. Comenzó su dedicación a la cunicultura con tan sólo 40 conejas, que le suponían una hora diaria de trabajo y, como él mismo explica, “siempre tenía 5.000 pesetas en el bolsillo”. De esto hace ya 20 años, y mucho ha llovido desde entonces. Ahora todos los cunicultores saben que para ser rentable hay que criar un número bastante elevado de conejas, trabajar diez horas al día y sentirse afortunado si la empresa genera beneficios suficientes para el núcleo familiar. “A medida que la economía ha ido creciendo, yo me he ido haciendo más pequeño”, bromea Rafael Segura, que a sus 42 años, mantiene el mismo espíritu inquieto de siempre.

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Junto a los silos pueden verse los carritos para el transporte de conejos al matadero.

Fue el primero en la familia en dedicarse al sector cunícola. Cuando llegó el momento de pensar qué clase de actividad hacer en la vida, un vecino del pueblo habló con su padre, recomendándole esta ganadería, de modo que lo convencieron y se hizo con unas cuantas jaulas de conejos que tenía en un local.

Su primera nave estaba destinada a albergar 300 conejas. Corría el año 1992, y esta se completó con una segunda y una tercera en 1994. Las últimas naves son de los años 1997-1998. En total, en esta granja de Portell tiene 6 naves, dotadas –ahora sí- con ventiladores Exafan y coolings para crear el ambiente deseado en cada momento.

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Madre en jaula con reposapatas 24 horas antes de parir.

No todo fue fácil, ni la decisión ni el negocio. “Van pasando los años y un día te das cuenta de que te has gastado un dinero en hacer unas naves, pero que en realidad no las tienes preparadas”, recuerda. Aunque lo peor fue el año en el que una importante nevada le hizo perder todo. De aquí también se sale.

No sólo fue el artífice de construir las naves, sino que también quiso hacerse una pequeña casita en la misma granja, con el objetivo de ofrecerle una vivienda a su trabajador, de modo que salieran ganando las dos partes: “él se ahorra el alquiler y la gasolina para acudir a su trabajo, y yo estoy tranquilo porque lo tengo cerca”.

La granja actual y su manejo

Lo primero que se ve al llegar a la granja es el contenedor de cadáveres, al principio de un camino. Siguiendo esta pista se llega a la explotación, en la que utiliza como calefacción tubos de chorros de aire caliente, generadores de gasóleo, que en breve también serán sustituidos por gas propano, porque así cree que reducirá la factura de consumo y porque es más fácil sustituir un cañón si se rompe en un momento dado. En su otra granja de Cantavieja ya lo tiene instalado y le funciona.

Aparte de los equipos para la calefacción, ventilación y refrigeración, también es importante en las granjas contar un grupo electrógeno de emergencia por si se va la luz. Es una de las cosas que Rafael Segura tenía claras, además de la necesidad de que la instalación eléctrica fuese nueva y así no diese sorpresas.

Hace cinco años que realiza la banda única; en esto también ha sabido adaptarse a los tiempos. “Antes hacía varias bandas y era una locura”, recuerda. Convencido, hizo un cambio de manejo y de instalaciones, y no se arrepiente. Mientras realizaba estos cambios en su granja paralelamente llevaba otra explotación en otra localidad, así que todo es organizarse. Ahora, el nuevo manejo supone, entre otras cosas, que debe inseminar 2.000 conejas en un solo día: 1.000 en cada granja.

El pienso procede de la Cooperativa Comarcal de Morella, del que necesita tres tipos: pienso para madres, pienso de engorde y de retirada

La inseminación la lleva a cabo la empresa GUCO, pero en un futuro acaricia la idea de tener su propio centro de inseminación, para el que ya se está preparando. Tiene los machos, que pronto estarán maduros sexualmente.

En la nave de engorde, Rafael Segura coloca 9 conejos por jaula. En total, 6.000 conejos de engorde. Aquí pudimos comprobar cómo había tapado las ventanas herméticamente y había incorporado los ventiladores, tanto en la parte inferior de la nave –a la altura de los pies- como en la parte superior. El de arriba es de refuerzo, y en invierno no se ponen todos en marcha, sino que se anulan algunos, porque obviamente no hace falta por la temperatura. El diseño está pensado para que funcione tipo “túnel”: que el aire entre por un extremo de la nave y salga por el otro.

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El agua está potabilizada con el equipo de TASHIA.

En el momento de la visita, se acababan de llevar a las madres a otra nave y los gazapos tenían 39 días de vida. En cuanto a la bioseguridad, como es natural en toda granja moderna, se realiza el vacío sanitario. Cuando el engorde acaba y el lote se lleva al matadero, se limpian todas las dependencias cada seis semanas, incluyendo la quema con soplete del pelo de los conejos que se queda enganchado en las jaulas (Rafael nos comentó que en esta época del año los animales desprendían más cantidad). Entonces es el momento, con la nave ya limpia, en que se introducen las madres para que vuelvan a parir.

En la nave de maternidad que visitamos, las conejas estaban ya esperando el parto de un momento a otro, puesto que estaba previsto para el día siguiente. Rafael repasó los nidos para ver si alguna se había adelantado, pero aparentemente aún no había parido ninguna. Los nidos estaban hechos de viruta de madera.

En la nave de reposición, por último, es en la que van creciendo las conejas más jóvenes, y además las que no se han quedado preñadas se vuelven a cubrir.

Las naves se limpian con agua a presión y con lejía, y no hace falta mucho más, porque los ventiladores se encargan de ir saneando el ambiente constantemente. En cuanto a otro detalle para la refrigeración en verano, los famosos paneles evaporativos –coolings-, hay que tener cuidado de que no molesten a los animales, así que Rafael ha optado por poner unas cortinillas de plástico entre ellos –que están en un extremo de la nave- y las jaulas, de manera que el aire no les llegue de forma directa. Los techos cuentan con el aislamiento correspondiente, y por lo que respecta al estiércol, se lo lleva el agricultor de la finca de al lado.

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Gazapos de engorde con 39 días.

En cuanto a la alimentación, el sistema es automático –casa Puig-, y por el bisinfín el que circula es el pienso procedente de la Cooperativa Comarcal de Morella, del que necesita tres tipos: pienso para madres, pienso de engorde y pienso de retirada.

Los resultados de la granja

Con una buena bioseguridad y profilaxis, los posibles problemas sanitarios se atenúan. Él vacuna contra la mixomatosis y la vírica clásica, y reconoce que de la nueva variante no lo ha hecho nunca. No ha tenido especiales problemas, pero en la explotación de Cantavieja tuvo un brote de la nueva vírica hemorrágica, que le obligó a sacrificar a todos los conejos enfermos y a sus hermanos, hasta alrededor de 2.000 gazapos de un lote. Pero se atajó el problema.

Ahora confía mucho en darle potencia a los ventiladores para limpiar el ambiente cuando ocurra un brote de enfermedad vírica, así como en el tratamiento de aguas, potabilizándola con el equipo de TASHIA, del que él mismo es distribuidor en la zona. Así las cosas, sus resultados se sitúan en una media de mortalidad en cebo de menos del 5%, mientras que en madres es del 9-11%. En cuanto a la fertilidad, tiene unos resultados de entre un 80-86% en palpación. Suele vender el lote en dos semanas “clareando” los más gordos cuando están sobre 58-60 días, mientras que el resto se va a matadero la semana siguiente. Consigue medias de peso por lote cercanas a los 2,250 kg por animal.

Lleva un registro minucioso de la granja y tiene apuntado todo el comportamiento del lote, para así llevar la cuenta de la gestión técnica y cómo evoluciona. Así, cualquier incidencia la tiene identificada. •

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Nave de engorde, que cuenta con unos plásticos en el extremo de la misma para evitar que el aire que pasa por los coolings le llegue directamente al animal.

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