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Una fábrica de pienso: Cooperativa Sant Antoni

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Morella es un pueblo con encanto de la provincia de Castellón, con un término municipal enorme, el tercero en extensión de la Comunidad Valenciana, al que se llega ascendiendo hasta 1.200 metros de altitud, sin darse uno cuenta, y al que rodean campos y bancales dedicados a la agricultura y la ganadería –sobre todo la porcina y la avícola, pero también alguna granja de conejos- y una vegetación típica de la zona mediterránea de montaña: bosques de encinas, robles, pinares y arbustos y plantas aromáticas como el romero, el tomillo y la salvia...

Una fábrica de pienso: Cooperativa Sant Antoni Abad

Marisa Montes

redaccion@avicultura.com

Morella es un pueblo con encanto de la provincia de Castellón, con un término municipal enorme, el tercero en extensión de la Comunidad Valenciana, al que se llega ascendiendo hasta 1.200 metros de altitud, sin darse uno cuenta, y al que rodean campos y bancales dedicados a la agricultura y la ganadería –sobre todo la porcina y la avícola, pero también alguna granja de conejos- y una vegetación típica de la zona mediterránea de montaña: bosques de encinas, robles, pinares y arbustos y plantas aromáticas como el romero, el tomillo y la salvia. En este lugar se ubica la Cooperativa Comarcal Sant Antoni Abad, con alrededor de 400 socios, que ha sabido adaptarse a su entorno y ofrecerle además un plus de calidad.

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De izquierda a derecha: Carlos Cid, Enrique Chinarro y Carles Alós.

Los inicios

La historia de la cooperativa se remonta a 1973, año en el que se funda, fruto de una inquietud de los socios, un conjunto de ganaderos que quiso unirse con dos objetivos: para tener mejores opciones a la hora de comprar conjuntamente las materias primas y así abaratar los costes, y para comercializar entre todos el producto final, que aún sigue siendo, fundamentalmente, el cerdo. Era la época de los últimos años del franquismo, y por tanto comenzaba la apertura y la permisividad para las reuniones de estos colectivos.

En los años 70 también fue cuando se compró un terreno en Morella y se construyó la primera fábrica de pienso, instalaciones que posteriormente se mejoraron con el nuevo complejo inaugurado en 2003. En este momento, la zona había crecido en censo ganadero, por lo que los socios deciden que es el momento de hacer una fábrica nueva. Se daban las condiciones ideales para ello, y además la vieja fábrica ya no era viable. Como en todo, la competencia en el sector hace necesaria la inversión constante.

Actualmente, la fábrica de pienso de la cooperativa tiene ya todos los procesos automatizados, e incluso por encima de lo que requiere el mercado. Por ello es una de las más modernas de la Comunidad Valenciana en cuanto a calidad y tecnología. Posee dos líneas de producción: una para pienso medicado y otra para pienso sin medicar.

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Certificado ISO de la cooperativa (1). Antiguas instalaciones de la cooperativa de Morella (2). La fábrica de pienso dispone de sistema NIR para el análisis de las materias primas (3).

Por especies, el pienso para ganado porcino supone el 85% de la producción. En cuanto al ovino y al bovino, están perdiendo volumen, una tendencia que se mantiene en toda España. Los conejos, por su parte, ha supuesto para la fábrica de pienso una mayor diversificación de su producto, ya que hace años no hacían ningún pienso para este sector debido a que esta ganadería no era significativa en la zona; sin embargo, la producción de este tipo de alimento ha ido en aumento y actualmente ya supone el 8%. El gerente de la cooperativa, Carlos Cid, explica que se trata de una decisión estratégica. “Nos hemos embarcado en hacer pienso para cunicultura, primero, porque podemos y tenemos la capacidad de producción, y también porque tenemos la garantía de la cooperativa y una persona especializada en este ámbito, el veterinario Enrique Chinarro”.

La filosofía: que todos ganen

La filosofía de la cooperativa reside en tratar al cliente como un socio más, así que desde que comenzó esta colaboración, este profesional se encarga de todo lo necesario para que el pienso para conejos salga en perfectas condiciones, y tiene toda la capacidad de decisión en cuanto a controles, diseño de la fórmula, fijación de precios y calidad. “Nosotros no vamos a muchas toneladas, como hacen las multinacionales, sino que lo basamos todo en la calidad”, apunta Carlos Cid.

Pero como se trata de una cooperativa, no tiene sentido que la entidad gane y el socio pierda, así que en Sant Antoni Abad tienen claro que su objetivo es la rentabilidad de sus miembros, así que tienen a su disposición un servicio de asesoramiento para asistirles en todo lo que les haga falta. En cuanto a la fórmula del producto que comercializan, también cuentan con especialistas en nutrición de conejos, que son “los grandes gurús; a partir de aquí, Enrique y yo formulamos en base a estas directrices y a las características con las que nos lleguen las materias primas”.

La fábrica tiene la capacidad de servir pienso normal o pienso libre de transgénicos si así se lo requiere el cliente

Este punto es importante a la hora de elaborar un pienso de conejos, debido a que el aparato digestivo de estos animales es delicado, con lo que hay revisar muy concienzudamente los niveles de almidón, de proteína, etc. El 70% de la fórmula se elabora con dos materias primas –alfalfa y salvado- que además tienen el problema de que son muy variables. Así que el reto del pienso de conejos es que esta variabilidad no cause problemas.

Los resultados con las granjas a las que les suministran pienso de conejos han sido muy positivos. Antes de la crisis llegaron a tener hasta 45 explotaciones fijas como clientes, a los que suministraban 500 toneladas mensuales. Además, afirman que rara es la granja que no haya permanecido más de un año con ellos, un detalle que en el sector cunícola no es muy común, por la feroz competencia y la incertidumbre del sector, que lleva a muchos granjeros a ir probando otros proveedores con mucha frecuencia.

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En un pequeño almacén se clasifican las muestras del producto de entrada y las del pienso acabado, y en ella se pueden ver bolsitas con cebada, centeno, trigo, maíz, soja, colza, girasol, alfalfa, pulpa de maíz, pulpa de cítricos o cascarillas de soja, entre otras.

Otro punto fuerte de la fábrica es que el producto está muy adaptado al cliente, de manera que tiene la capacidad de servir pienso normal o pienso libre de transgénicos si así se lo requieren, y en este caso hay que hacer una fórmula personalizada sin estos componentes. En esta fábrica tienen asegurado el proceso para que no haya contaminación cruzada por este motivo: requiere una limpieza del circuito, una parada de la marcha de las máquinas y por lo tanto de ahí el encarecimiento de este pienso especial.

Para el director de Producción de la Cooperativa, Carles Alós, la estrategia de crecimiento para el pienso de conejo reside en el pienso estándar, pero sobre todo en “lo que nos diferencia de la competencia, precisamente porque otros no pueden hacer este otro tipo de productos”. En este sentido, también supuso un revulsivo en la historia de esta fábrica de pienso la incorporación, desde 2003, de la analítica NIR (espectrocospía de reflectancia en el infrarrojo cercano), que se basa en una metodología instantánea de análisis de materias primas y piensos con el fin de conocer su composición en el departamento de Control de Calidad, asegurando así la calidad final de los piensos.

El proceso de fabricación del pienso

El proceso comienza con la llegada de los camiones a la fábrica cargados de la materia prima. Pasan por la báscula de recepción y posteriormente se extraen unas muestras de su carga para ser analizadas en el momento. Un empleado es el encargado de pasarlas por el NIR, y si se comprueba que la materia prima tiene variaciones importantes se ajusta la matriz.

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La fábrica de pienso, vista desde el piso inferior.

Esta parte del proceso es lo primero que se puede apreciar en las inmediaciones de la fábrica: dos básculas, una para pesar el camión que llega y otra para pesarlo con el producto acabado, esta última dotada de unas bocas por las que cae el pienso hasta el vehículo.

A la izquierda de las básculas hay unas pequeñas dependencias separadas del edificio principal; aquí se guardan las muestras del producto de entrada y las del pienso acabado, y en ella se pueden ver bolsitas con cebada, centeno, trigo, maíz, soja, colza, girasol, alfalfa, pulpa de maíz, pulpa de cítricos o cascarillas de soja, entre otras. Trabajan con unas 15 materias primas, y si por ejemplo la soja sale del análisis con niveles de proteínas muy diferentes, se la envía a un silo diferente (poseen 20 silos de materia prima y 24 de producto acabado; cuatro silos están dedicados al pienso de conejos). En cuanto al aparato NIR, de cada muestra saca dos submuestras y extrae la media: valores como la humedad, la proteína bruta, las cenizas, el almidón o la fibra bruta.

Una vez que la materia prima se ha analizado y tiene el ok de calidad, se descarga en la piquera; aquí se incorpora atomizado un producto bactericida y fungicida para prevenir posibles contaminaciones de la materia prima. De aquí sube a los silos para su almacenaje, y luego entra en los molinos y más tarde en la mezcladora para darle una textura homogénea. Hasta aquí, el proceso del pienso siempre es el mismo, pero en esta fase se abren dos circuitos diferentes y separados el uno del otro, dependiendo de si el pienso se va a medicar o no. Ahora es cuando se deben añadir los correctores, aditivos, aceites si procede, etc. Se mezclan todos los componentes para hacer el pienso en polvo, en harina.

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El almacén cuenta con un espacio reservado para las premezclas medicamentosas, otro para los correctores y otro para el producto acabado guardado en sacos.

Al pienso en harina se le incorpora vapor de agua producido por una caldera para acondicionarlo y posteriormente pasar a la granuladora, que como su nombre indica obtiene el pellet necesario para el conejo, que en su caso es de 3,5 de diámetro. De aquí el pienso se dirige a una enfriadora, a la planta inferior, y luego vuelve a subir para cargar los silos con producto acabado.

En el interior de la fábrica, en la planta baja, se encuentra el almacén y dentro de él un espacio reservado para la preparación de las premezclas medicamentosas. Hay una parte también en la que están los correctores y por último una tercera zona con sacos de producto acabado.

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Al pienso en harina se le incorpora vapor de agua producido por una caldera y posteriormente pasa a la granuladora, que obtiene el pellet necesario para el conejo.

El último paso es el camión cargando el pienso. En el momento de la visita pudimos observar la llegada del vehículo desde el piso superior, y ver cómo el pienso para conejos caía en los distintos departamentos, en función del tipo de producto que se lanzaba desde las bocas. Cada departamento del camión –tiene seis en total- puede acoger hasta 3.000 kilos de pienso, y así transportar en un mismo viaje piensos diferentes. Se cumple estrictamente un protocolo de “no mezclado” de piensos normales con piensos libres de OGM.

De esta manera concluye un minucioso proceso para llevar el pienso a las granjas y que le asegura al cunicultor las máximas condiciones de calidad y trazabilidad. •

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Uno de los monitores de la fábrica, en los que se puede controlar cualquier detalle del proceso, como la capacidad a la que están los silos.

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