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Francisco Parra

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¿Se ha hecho algún tipo de recomendación a los laboratorios para que incluyan los dos virus, el clásico y el nuevo, en la futura vacuna?

Francisco Parra

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular y director del Instituto Universitario de Biotecnología de Asturias

Hace ya varios años que saltó la alarma en España por los nuevos brotes de vírica. ¿Cuáles son las principales dificultades que impiden tenerla bajo control?

El problema es que carecemos de vacunas eficaces. Hemos tardado un tiempo en darnos cuenta que este nuevo virus además de afectar a una franja de edad diferente de los animales, era suficientemente distinto como para que las vacunas no fueran efectivas. Desgraciadamente, conocer cómo debe hacerse la vacuna no implica tenerla en el mercado. Hay una serie de actores, entre ellos las administraciones públicas, y si ellos no se implican, está uno desarmado. Otro punto es que este virus afecta también a animales silvestres, por lo que es muy difícil de erradicar, porque aunque se controlen las explotaciones, siempre hay un foco infeccioso que viene del campo, y aquí no solamente no tenemos vacuna, sino que la inmunidad de la población es muy baja.

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Visto desde la perspectiva de varios años, ¿el sector ha reaccionado bien ante esta nueva vírica?

Yo creo que se ha reaccionado adecuadamente en el sentido que se han buscado las causas, hacer propuestas de soluciones, etc. En otros aspectos quizás se haya actuado un poco peor, como en el caso de comunicar los brotes a las propias administraciones, para que tuvieran noticia oficial de que había un problema, aunque esto tampoco debería ser excusa, porque ellos recibían informaciones, digamos extraoficiales, de que el problema era considerable. Quizás pensando que el problema se resolvería más o menos espontáneamente no se tomaron demasiado en serio las medidas de bioseguridad. El granjero a veces se olvida que vive en una sociedad, pero aunque el problema lo tenga él, debe saberse para que los que viven alrededor tomen precauciones.

¿A qué dificultades se ha enfrentado a la hora de aislar el virus?

Este virus tiene un problema fundamental: que no podemos propagarlo en un laboratorio; la única forma de tenerlo es inyectarlo a los propios animales. Esto hace que por un lado la cantidad de virus disponible no sea muy grande, y que por otra, cada vez que uno hace una preparación infectando a un animal diferente, el virus que sale de ahí no necesariamente es absolutamente idéntico que la vez anterior. Y creo que en el futuro vamos a tener otro problema añadido: que probablemente la UE comenzará a considerar inaceptable este tipo de sistema de confección de vacunas y nos obligará a buscar otro más moderno que no implique infectar animales. Generalmente estos procesos suelen ser más caros.

Un cunicultor, ¿cómo puede diferenciar el virus clásico de la nueva variante de vírica?

Normalmente, lo que más llama la atención es que este virus puede afectar a los animales jóvenes, que muy raramente se observaba con el virus clásico. La otra cuestión es que si ha vacunado previamente con las vacunas disponibles en la actualidad, y a pesar de ello ha tenido un brote, casi seguro que es la nueva variante. Pero si el brote aparece en un animal adulto que no estaba vacunado, ahí no sabemos qué puede ser y no habrá más remedio que recurrir a una analítica. De todos modos, hoy en día todos los casos que estamos encontrando son de nueva variante. En el último año no hemos detectado ni un solo caso de virus clásico. En el campo ahora se observa que las poblaciones de conejos han bajado pero no se observan tantos animales muertos como antes, esto es porque normalmente los que mueren son los gazapos, que mueren dentro de la madriguera y no se ven.

“En el último año se han vendido más vacunas de la vírica clásica que en todos los años anteriores”

¿Se ha hecho algún tipo de recomendación a los laboratorios para que incluyan los dos virus, el clásico y el nuevo, en la futura vacuna?

Los caminos de razonamiento de una empresa se me ocultan. Pero yo diría que si fueran razonablemente previsores lo harán de este modo. Por dos razones: una, por comodidad de uso y no vacunar dos veces. La segunda, porque es previsible que si no se vacuna contra una de las dos variantes, y se deja a la otra, ésta última tendrá el campo libre. No veo el inconveniente técnico de mezclar A más B. Pero que nosotros sepamos cómo hacerlo no implica que lo hagan. Desgraciadamente, son las empresas farmacéuticas las que tienen la última palabra.

Uno se pregunta, si ya se tiene el virus, ¿por qué la vacuna no ha salido ya?

Es la cuestión que se pregunta la gente de la calle. Si tú sabes la receta para hacer un pastel que sabes que se vende bien, pero va pasando el tiempo y el pastel no se hace, pues alguna razón comercial debe haber… Lo cierto es que, en el último año, se han vendido más vacunas de la vírica clásica que en todos los años anteriores. Es mucho más rentable seguir como hasta ahora.

Hace bastantes años no era tan dramático el problema con la vírica. ¿Es porque evolucionan demasiado rápido los virus?

A finales de los 80, no era que no fuera importante el problema, es que nunca había aparecido. El primer caso de esta enfermedad la tuvimos en el año 84 en China. Cuatro años más tarde apareció en Europa: en Italia en el 87-88 y en España en el 88-89. En el momento en que se introdujo en el país, en cuestión de un año o dos hubo una afectación, tanto de las poblaciones silvestres como de los domésticos, tremenda. Lo que ocurrió entonces fue que muy pronto se dieron cuenta que a partir de los órganos de animales muertos se podía hacer un extracto y de él, mediante un tratamiento químico, inactivar el virus. Esto se les administraba a los animales y los inmunizaba. Se dispuso de vacuna muy rápido, y prácticamente en el año 90 la gente se tranquilizó.

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Se ha dicho que el siguiente reto, una vez resuelta la vírica, será atajar la mixomatosis…

Sí, porque la mixomatosis es un problema continuamente cambiante. El virus es más complejo y más posibilidades de adaptarse y pasar a ser más virulento, y el modo en que se aplican las vacunas tiene una influencia muy importante, que hace que tengamos que estudiar más detalladamente si los virus circulantes son suficientemente diferentes de los que tienen las vacunas, como está pasando con la hemorrágica. En el caso de la mixomatosis, estas vacunas se desarrollaron hace muchos años y nadie ha cambiado el virus vacunal, así que es posible que haya una discrepancia entre los tipos de virus vacunales y los circulantes. Luego, también hay que extremar unas medidas que en el sector del conejo no son habituales, como hacer un control de la eficacia de la vacunación. Cuando uno inyecta una vacuna a un animal, da por sentado que está inmunizado, pero eso hay que comprobarlo. Después de vacunar hay que tomar análisis de sangre y ver si tienen los niveles de protección adecuados; si no, hay que averiguar por qué.

¿Cómo afecta a la investigación la escasa colaboración de las administraciones públicas? Por ejemplo en el caso de la vírica ha habido mucho secretismo por parte de Francia o Italia.

Desgraciadamente en este caso hemos tenido otros problemas más gordos que ese. En estos momentos el país está en una situación delicada porque en los dos últimos años no hemos podido conseguir financiación para otros proyectos, y esto hace que las posibilidades de abordar investigaciones de este tipo se vean comprometidas. Desde el lado de INTERCUN se ha hecho mucho más que por parte de otros actores. Las empresas podrían haber investigado en sus propias instalaciones o encargarlo a otros investigadores, como nuestro caso, pero no ha sido así. Y las administraciones, tampoco. Luego hay otra cosa: si uno va a cualquier ente público o privado, y les dice que uno se va a poner a investigar la enfermedad vírica del conejo, le dirán, como a mí ya me han dicho, que si no tenía otro virus más importante para trabajar. •

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