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Tierra de conejos. Un nefasto cambio de modelo

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El modelo de cunicultura industrial de carácter familiar se extingue en España. El precio en granja y la estructura de comercialización están acabando con la forma de producción que se instaló con éxito desde los años setenta...

Un nefasto cambio de modelo

Por Carlos Contera

Veterinario
Presidente de ASEMUCE
www.tierradeconejos.com

El modelo de cunicultura industrial de carácter familiar se extingue en España. El precio en granja y la estructura de comercialización están acabando con la forma de producción que se instaló con éxito desde los años setenta.

El cierre continuo de explotaciones cunícolas por todo nuestro país es el síntoma más dramático de que el modelo de cunicultura familiar de mercado libre y rentable se está acabando. Aquel modelo se desarrolló inicialmente en Cataluña, a partir de la cunicultura tradicional. Llegaron explotaciones de más de doscientos nidos que permitían un buen salario sin salir de casa. Con recogida por recoveros o por los propios mataderos. Con ellas llegó la industria de las jaulas, la alimentación especializada, el desarrollo de vacunas víricas y la euforia económica de una actividad rural rentable. El padre de aquella cunicultura industrial en España es el Dr. Jaime Camps, que fue fundador de Asescu y presidente de la Asociación Mundial. El modelo de cunicultura industrial familiar fue propiciado también por los servicios oficiales de Extensión agraria e impulsado por las empresas, donde los mejores técnicos de la época –Toni Roca, Oriol Rovellat, Lidio Ruiz…- firmaron las páginas más brillantes y rentables de una actividad creciente basada en la oferta de un producto valorado, orientado a pollerías y minoristas, de consumo tradicional y marcado carácter festivo, asociado a la gastronomía tradicional como el conejo a la brasa, la paella valenciana, el tombet y el arroz con conejo.

Los mataderos industriales de ahora, ya en nuestro siglo, están forzando un cambio de modelo de cría y comercialización. Propugnado por ellos mismos desde los años noventa, el viraje a explotaciones contratadas se ha visto como irremediable forma de supervivencia para el productor. Con la reunión de mataderos en el ya denominado ‘Grupo’ o la cadena de tiendas Mercadona actuando como mayorista, el conejo ha pasado a ser una carne de abasto vulgar. La integración de mataderos no ha servido -como cabía esperar- para una mejora en las presentaciones y un incremento del consumo. Todo lo contrario, el consumo per capita sigue cayendo. El conejo apenas resiste en el canal minorista y casi nadie del sector pelea por dignificarlo en calidad y precio. Alguien se preguntaba hace poco qué sucede en la cunicultura nacional. Despojada de su carácter especial y festivo, la carne de conejo compite en los lineales con el pollo broiler. ¿Cómo un manejo particularizado en granja puede competir con una manada industrial? ¿A quién se le ocurre que la conversión de un pequeño mamífero va a competir con la mayor transformación genética desde la Creación? Es un error nefasto. Una estrategia forzada por las cantidades de matanza en proceso diario y respaldada por la interprofesional del sector, dominada a su vez por los mataderos y el silencio secuestrado de los productores.

El cunicultor se ha convertido en una especie de esclavo contratado, sujeto a un mínimo margen de operación, que le permite poder sobrevivir pagando salarios, alejando la idea de poder ganar dinero o recuperar pronto la inversión. Los cunicultores libres ya no confían en traspasar sus inversiones a la generación venidera. Antes, tiran la toalla. Los cierres de granja ya no se producen sólo en Andalucía –un desierto de puntos de matanza- sino en Cataluña, Levante y todo el área tradicional de producción mediterránea. Las granjas industriales han florecido en tierras continentales, al amor de la distancia al matadero y el ahorro en gasoil, donde el ‘Grupo’ puede llegar a ser calculadamente más dadivoso. El cunicultor vive entonces de sus prácticas de caridad o de las ocultas excepciones -por contrato- a la lonja.

El Ministerio de Agricultura, gobierne quien gobierne, nos ha escatimado la lucha contra el oligopolio del conejo, la opción europea del mercado de proximidad y los sacrificios en granja. Todos los gobiernos han sido corresponsables, pero éste de ahora lo es más porque ya se lo pedimos formalmente desde ASEMUCE a los directores generales de Zapatero en su salida y a la señora Veguellina, en su entrada. A corto plazo, la mejor herramienta para sacar canales del mercado industrial y permitir la supervivencia de explotaciones, es la creación de unos mercados de proximidad. A seis meses de la feria de Zaragoza donde Asemuce presentó formalmente sus propuestas y recogió firmas, parece que los altos funcionarios son cómplices de la interprofesional, que está actuando como auténtico lobby de presión contra las alternativas.

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