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CUNIGRAUCA, una empresa casi centenaria en el corazón de Cataluña

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Cunigrauca es una empresa cunícola con historia. Ubicada muy cerca del municipio de Calaf, en plena depresión central catalana, esta explotación hunde sus raíces en un negocio fundado a principios del siglo XX, y tiene como entorno los agradables paisajes de la comarca de la Anoia,...

CUNIGRAUCA,una empresa casi centenaria en el corazón de Cataluña

Marisa Montes

redaccion@avicultura.com

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Josep Grau y la granja al fondo.

Cunigrauca es una empresa cunícola con historia. Ubicada muy cerca del municipio de Calaf, en plena depresión central catalana, esta explotación hunde sus raíces en un negocio fundado a principios del siglo XX, y tiene como entorno los agradables paisajes de la comarca de la Anoia, caracterizados por veranos calurosos e inviernos fríos, con presencia de heladas y escarchas, que sin embargo recompensan con apacibles campos de cereales y bosques de encinas, robles y pinos que llegan hasta las escarpadas rocas de las montañas de Montserrat.

En este lugar vivía la familia Grau, que ya en 1920 se dedicaba a comercializar conejos. Por aquel entonces, la actividad era bastante distinta: se centraba en la recogida de conejos vivos casa por casa, para posteriormente ser vendidos también en vivo, a aquellos clientes que finalmente los sacrificaban en sus hogares para el consumo o venta entre vecinos. Padre, hijo y nieto transportaban conejos en carro, bicicleta o carretilla.

Durante 40 años, este sencillo negocio fue el pilar de la actividad económica de la familia, hasta que no tuvo más remedio que adaptarse a los tiempos y acabó por modernizarse y evolucionar para cumplir con las demandas del mercado, propias de las nuevas circunstancias económicas y sociales del momento. Así fue como en 1960 construyeron y legalizaron el que sería el primer matadero de conejos de toda esta zona geográfica, con el que pudieron empezar a sacrificar y comercializar los conejos de forma especializada, concretamente en formato de canal de conejo enfriada.

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Josep Grau con su abuelo cuando adquirió el primer camión para la recogida de conejos

Pero faltaba aún otro paso importante. Fue en el año 2005 cuando decidieron tomar la que dicen que es una de las decisiones más importantes que han acometido: cerrar el ciclo completo de producción. De esa forma adaptaron las infraestructuras que tenían a la cría, sacrificio y venta de conejos propios. Hizo falta una gran inversión económica, que culminó con la construcción y puesta en marcha de la mayor unidad de producción de conejo en vivo de toda su área geográfica: nada menos que 8.000 conejas reproductoras que proporcionaban cerca de 4.000 conejos por semana -más de 200.000 conejos por año-.

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Josep Grau, de niño

En esta aventura ya no estaban solos. Desde 2006 su andadura está ligada a la de otros veteranos en el terreno de la cunicultura: la familia Casellas. A la cabeza se encuentra Josep Maria Casellas, que tiene a sus espaldas tres décadas de experiencia como criador. Pasito a pasito, comenzó en el negocio con 500 madres; en 1996 duplicaron el tamaño de la explotación construyendo una nueva nave en las afueras del pueblo y finalmente a finales de 2006 pusieron en marcha la última ampliación, esta vez en sociedad con Josep Grau, y ya con miras a producir esos 4.000 gazapos semanales.

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Josep Grau comprando conejos en Lleida en 1980

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El segundo camión adquirido para la recogida de conejos

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Abuelo de Josep Grau con el carro con el que desempeñaba su actividad en 1900

Las naves que visitamos tienen, pues, unos siete años. Son en total siete naves y seis bandas. Cada semana nacen gazapos y también con esta frecuencia se envían conejos al matadero. La banda que vemos está integrada por 5.500 conejos en fase de lactancia –habían nacido tan sólo una semana antes-; por su parte, en otra banda se encontraban 4.000 conejos de engorde. La estructura del proceso está pensada para hacer el vacío sanitario, de tal manera que las naves están divididas en dos módulos, con idea de poder limpiar uno de ellos a fondo mientras los animales se encuentran en el otro. El proceso siempre es el mismo: en uno de los módulos se alojan los gazapos de cebo esperando su salida hacia el matadero; en otro, las reproductoras. Cuando salen los conejos para el sacrificio esta parte de la nave se vacía, se limpia y desinfecta, se deja descansar hacia el día del destete de la banda siguiente, y es entonces cuando se trasladan a este lugar las reproductoras, incluyendo la reposición y las abuelas. Para que esto sea posible, el tipo de jaula debe ser de las llamadas polivalentes –suministradas por Gómez y Crespo, junto con la nave y todo su equipamiento- que permiten esta doble función con sólo subir una rejilla. Este tipo de manejo consigue que los gazapos no sufran el estrés del traslado de una nave a otra –primero en la de maternidad y luego en la de cebo-, sino que son las reproductoras las que se cambian de lugar.

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El estiércol se recoge mediante un sistema de cadenas.

La lactación es controlada, puesto que, como nos explican, siempre ofrece mejores resultados porque se supervisa con facilidad la alimentación de los gazapos, pudiendo observar si maman todos o no, así que es fácil obtener mejores resultados productivos y una mayor homogeneidad. Durante los 11 días que dura esta fase, la coneja entra en el nido una vez al día para dar de mamar. Primero debe mirarse si están todas bien de salud, y sólo entonces se abre la trampilla durante un par de horas. A los 11 días se vuelven a inseminar, y ya se deja el nido abierto.

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En uno de los módulos se alojan los gazapos de cebo; en otro, las reproductoras.

En otra de las naves pudimos ver in situ cómo se preparaban los nidos, tarea que llevan a cabo las mujeres –Paquita y Loli-, y cómo se opta por eliminar a los animales que no han alcanzado un peso mínimo al nacer, ya que una coneja puede tener hasta 14 gazapos, y no los podría criar todos de manera eficiente. Los nidos están hechos de viruta y paja, y deben estar perfectamente limpios y desinfectados. Una vez que se aseguran de ello, los viernes se dedican a remover la paja y, los sábados, aquellos que ya no tienen paja apenas se repasan. Los lunes es el día en que las conejas crían. Cuando paren, las conejas lo tiran todo al suelo, con la placenta, y es entonces cuando cobra protagonismo el nido, que se prepara con polvos secantes y viruta limpia. Cada semana se repite el proceso en diferentes naves. Aunque en general las madres alimentan solo a sus gazapos, los cuidadores se reservan la posibilidad de distribuir algunos gazapos de forma diferente, ya que algunas conejas son muy buenas para parir pero no tanto para la lactancia, o al revés. Todo persigue el objetivo de obtener unos buenos resultados y de que las camadas salgan lo más igualadas posibles.

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Están especialmente orgullosos de la limpieza de sus naves, consiguiendo, por ejemplo, la ausencia total de moscas.

Otra de las características que llaman la atención en esta granja es la ausencia de cualquier motor. Todo es natural, comenzando por la ventilación, que es de efecto chimenea: entra el aire por las ventanas laterales oscilantes y sale por la cumbrera de arriba. Esta corriente permite que los animales estén frescos y esto, junto con un muy conseguido aislamiento de la nave, hace que la temperatura en el interior sea de unos 18º C cuando fuera está a unos 30º C. En invierno ocurre lo mismo. Los paneles de casi 3 centímetros de grosor y la espuma de poliuretano consiguen moderar la temperatura, de manera que es posible estar a 14º C aun cuando en el exterior la temperatura pueda estar por debajo de los 7º C bajo cero. Estos paneles, además, son especialmente limpios y no dejan que se enganchen los pelos de los conejos en su superficie.

También están especialmente orgullosos del sistema de limpieza, un proceso que está automatizado y funciona a diario, consiguiendo, por ejemplo, la ausencia total de moscas, que en otras explotaciones pueden llegar a ser una verdadera plaga. En esta granja, por el contrario, destaca la limpieza de paredes, jaulas y piso y la ausencia de malos olores.

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Josep Maria Casellas.

El estiércol se recoge de forma automática cada día en cada nave, y mediante un sistema de cadenas se lleva al estercolero, que se encuentra junto a las naves. Simplemente pulsando un botón en uno de los cuadros de mando que tienen en el interior, se abre una trampilla al fondo de la nave, por la que saldrá este residuo al exterior. En total, el proceso dura una hora y media, y todo este estiércol posteriormente se aprovecha en los campos de los alrededores.

La alimentación también está automatizada. En Cunigrauca disponen de varios silos diferentes: en uno se guarda el pienso de madres, en otro el de engorde y en un tercero, el de retirada, que es el que usan 12 días antes del sacrificio.

El agua también se reparte de forma automática y baja por efecto de la presión desde el principio de la línea. Luego, en cada jaula, los conejos acceden a ella gracias a los bebederos de cazoleta. Es agua potable que proviene del mismo pueblo, así que estos animales beben lo mismo que sus criadores.

Utilizan la iluminación artificial para completar las horas de luz que ofrece el día, de manera que tengan siempre 15 horas. Esto es especialmente importante en invierno, cuando los días son tan cortos. En cuanto a la inseminación artificial, la realizan los viernes, y sólo a las conejas que tienen la edad suficiente, que se considera que es cuatro meses y medio como mínimo.

También se vigila con cautela el programa de vacunas: vírica, mixomatosis, heteróloga, mixo homóloga y finalmente vírica. Además cada seis meses se revacuna de vírica y mixomatosis.

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Detalle de la ventana oscilante.

En Cunigrauca trabajan seis personas, y cada una de ellas es responsable de una nave. Durante nuestra visita a las instalaciones pudimos visitar la nave 4 y también pudimos ver la número 5, con los gazapos de engorde, que en aquel momento tenían 45 días. En esta granja obtienen buenos resultados (hasta un 92% de fertilidad real), así que tiene que poner nidos de emergencia en numerosas ocasiones.

Durante el verano bajan la producción en la granja debido al calor, así con una menor densidad los conejos están más confortables. En cuanto a las futuras F1, las marcan con un trazado rojo sobre el pelo. Otro aspecto del manejo tiene que ver con la identificación correcta de las fichas de los animales, blancas para las madres y verdes para las abuelas.

Todos en Cunigrauca forman un buen equipo en la gestión de esta granja, e incluso disfrutan. “Por la mañana, cuando abres y entras en la nave puedes ver cómo están todos los gazapos mamando”, explica Paquita, que destaca el ruido de las conejas arañando y las pancitas de los gazapos “bien llenas de leche” como detalles entrañables de esta fase de la crianza. El sonido de las radios encendidas nos acompaña por las diferentes naves que visitamos; sin embargo, nos recuerdan que cuando las conejas se inseminan “lo que más quieren es tranquilidad”.

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Cunigrauca tiene unos índices altos de fertilidad.

A pesar de las satisfacciones que les reporta su trabajo, la perspectiva con la que ven la situación actual en el sector es realista, y entienden que cada día es más difícil conseguir resultados positivos en el campo económico (incluso haciéndolo muy bien). Nos aseguran que la presión bajo la que deben trabajar hoy “es extrema”, por el hecho de “depender de la voluntad de la gran distribución y de los mataderos que les secundan -bajo la tutela de la administración y de alguna de las agrupaciones nacionales de cunicultores-, que obvian constantemente la realidad del cunicultor y de los costes a los que este produce”. Aseguran que el sector productor debería replantearse muchas cosas, pero denuncian que la dependencia de los mataderos “es total” y que mientras no haya alternativas para el producto que ellos crían, “estos continuarán marcando los designios del sector”. Son críticos con esta situación, aunque añaden que “creemos en la cunicultura, en el conejo y en el valor de su carne, y es por eso que nuestra apuesta continúa firme y fuerte”, porque están convencidos de que no tardarán mucho en abrirse nuevas vías que permitan al cunicultor “plantearse nuevos retos y objetivos con la perspectiva de un futuro estable, seguro y económicamente rentable”. Con esta filosofía afrontan el propio devenir de Cunigrauca, trabajando en nuevos proyectos que les permitirá crecer aún más. Estaremos pendientes. •

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