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CAMPANALES: granja y fábrica de pienso para experimentación y desarrollo con plantas aromáticas y medicinales

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Para llegar a Fabara, en la Franja del Aragón, se pasa por hermosos campos verdes; se ven desde la ventanilla los cultivos de secano, el olivo y el almendro, y los de regadío, como el melocotón...

CAMPANALES: granja y fábrica de pienso para experimentación y desarrollo con plantas aromáticas y medicinales

Marisa Montes

redaccion@avicultura.com

Para llegar a Fabara, en la Franja del Aragón, se pasa por hermosos campos verdes; se ven desde la ventanilla los cultivos de secano, el olivo y el almendro, y los de regadío, como el melocotón. También desfilan fincas de cereales y viñas, y algún que otro agricultor trabajando en su huerta. Antes de cruzar el río Ebro, las aguas mansas del embalse de Mequinenza nos acompañan por el camino, y cuando por fin lo dejamos atrás, el trayecto hasta nuestro destino es un claro ejemplo de la poca densidad de población de la zona: ni un solo coche nos cruzamos hasta llegar a la explotación ganadera de Campanales, una empresa familiar que se ha hecho a sí misma paso a paso, fruto de la inquietud y la constancia.

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Michel Campanales es ahora quien está al frente de ella, aunque toda su familia la saca para adelante: entre los que están involucrados destaca su hermano, Pedro, y sus propios padres, que fueron los que le inculcaron el amor por el oficio. Michel comenzó construyendo sus naves cunícolas, algo complicado porque “en aquella época no había tanta información”, explica. Luego se metió de lleno en el negocio de la agricultura con el cultivo del melocotón –que este año han arrancado y transformado en forraje, aunque no como principal fuente de ingresos-. Él constituye un caso peculiar en el sector cunícola, porque trabaja con otras granjas en régimen de semi-integración: hay otros cunicultores que ponen a su disposición una nave para el cebo mientras él les lleva el pienso y les paga un tanto por conejo y ambos mejoran el precio de coste. “Así nacieron las integraciones en avicultura o porcino”, recuerda, “yo sé de mucha gente que se ha arruinado en este sector, porque a lo mejor tenían un esquema que ya no es productivo. Pero yo cuando me asocio con ellos les cambio el plan de negocio, y así a lo mejor llegamos a la conclusión de que su granja sólo da para trabajar tres horas diarias. Pues no pasa nada, así la pueden complementar con otros trabajos”.

Actualmente, Campanales está trabajando con tres granjas cunícolas en Nonaspe, cuatro en Fabara y otra en Calaceite. En total, contando con las 3.000 hembras que tiene su propia explotación, gestiona alrededor de 7.000 reproductoras. Además, cuenta con su propia fábrica de pienso y fincas en las que cultiva plantas aromáticas y medicinales, la única solución que ha encontrado para poder disponer de ellas de forma regular y hacerlo a un precio razonable.

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Nave para maternidad.

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Los conejos en el momento del destete se introducen en un vehículo especial que los lleva hasta el cebadero.

En los años 90, además, introdujo una nueva línea de negocio para su empresa: un centro de inseminación artificial que aún está en funcionamiento en una de las naves de la explotación, con el objetivo de mejorar los precios de coste. Michel también se dedicó por estos años a vender conejo a las carnicerías, atesorando una experiencia que le ha servido años después para su proyecto personal. Aquí, en la granja en la que ha trabajado durante toda la vida, pues desde los 14 años está vinculado a la cunicultura por tradición familiar, ha conseguido cerrar el círculo y solucionar el apartado de la alimentación, uno de los costes más importantes de la producción. “El futuro de la ganadería pasa por desarrollar alimentos que encajen en el esquema”, asegura. Él ha optado por sembrar productos con un interés nutricional que mejoren la dieta y el precio de coste contratando a los agricultores mezclas muy productivas, como por ejemplo avena con veza y similares; lavanda, romero, y otros cultivos, que pueden componer hasta el 80% de la fórmula. “Creerte un negocio es saber que puede evolucionar constantemente”, dice. Y en su caso son patentes los cambios y mejoras, que le han permitido crecer desde las 200 conejas del principio –la nave más antigua tiene 40 años- hasta las 3.000 de ahora.

Otra línea que trabaja en su empresa es la genética. Empezó a importar conejas del INRA de Toulouse (Francia) y machos para el centro de inseminación hasta que la operación dejó de resultarle atractiva. Decidió que tenía que echar a andar su propio proyecto, así que nació Superline, asociado a los impulsores de Superfeed, con el que se dedicaba a la multiplicación y comercialización a nivel nacional. Llegó un momento en que el mercado de la genética se hundió, y entonces se convenció de que “la clave era la guerra de precios de coste”. Por eso invertía los beneficios que iba obteniendo, hasta que llegó el último paso hace cinco años: investigar en el campo de la nutrición. “Comencé a interesarme por los productos naturales, como un primer paso para llegar a la producción ecológica”.

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De izquierda a derecha: Michel Campanales, Carlos Perpiñán y Pedro Campanales, en la oficina de la fábrica.

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Interior de la fábrica de pienso.

Criar conejos sin incorporar antibióticos en su dieta es un requisito de la cunicultura ecológica, el próximo reto de Michel Campanales, que reconoce que será difícil, puesto que implicará eliminar jaulas, hacerse con las materias primas necesarias y resolver el tema del precio, además de las certificaciones legales que hay que conseguir. Mientras tanto, trata de ir poco a poco preparando su granja para ese momento. De hecho, en sus naves de maternidad ya se observa una densidad inusitada, y las madres comparten unas jaulas espaciosas –de un fabricante que ya no existe- con sus gazapos, que a la hora del destete se agrupan por jerarquía familiar y se introducen en cajones que son transportados en un vehículo especial que incluye un equipo de frío. Así llegan al cebadero, que están ubicados en granjas cercanas.

Campanales tiene toda la granja automatizada, incluyendo la alimentación, proporcionada por TIGSA. Los nidos por los que se ha decantado son también originales: simples cajones de madera, exteriores, que limpia a pistola. No usan coccidiostáticos –y aún así dice, orgulloso, que tiene las mejores analíticas de coccidia-, ha sido pionero en usar desparasitadores naturales y registra unos resultados envidiables en inseminación artificial, del 95% positivas. “Esto es porque los conejos se sienten relajados”, asegura. A ello también contribuye el cuidado del estrés, que controla manteniendo la radio encendida.

Su punto fuerte es la prevención con productos naturales que lleva aplicando cinco años, con los que ha conseguido reducir a la mitad el gasto en medicamentos. En cuanto a la dieta, proporciona una especial para cada etapa. En el momento de la visita, los animales todavía estaban con la de invierno. Reciben el pienso especial de maternidad, el de pre-destete, el de posdestete –de “cebo estarter”- y el de retirada, que a su vez se divide en dos: el extra expectorante y el normal.

Antes de los cuatro meses, los futuros reproductores se vacunan de la Enfermedad Vírica Hemorrágica y de Mixomatosis: a los 60 días, mixo heteróloga, y a los 90, vírica y a los 120 días mixo homóloga. Se revacuna cada 4 meses, pero recalca que “nunca con homóloga”. Para Michel Campanales, lo que verdaderamente es importante es el todo dentro-todo fuera: “me va muy bien que los cebaderos estén a 5 kilómetros”, comenta. “Así no me rebotan patologías”. También utiliza agua hiperclorada que luego neutraliza. En cuanto a la gestión de cadáveres, su inquietud por hacer las cosas bien hace que esté investigando para en un futuro hacer gas metano con ellos y el estiércol. De momento aprovecha el estiércol para sus campos, aunque no para las aromáticas, ya que estas plantas no admiten tanto nitrógeno.

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Detalle de una de las máquinas.

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Panel de control de la fábrica de pienso.

Como se ha apuntado antes, Campanales trabaja su propia raza. Tiene un conejo híbrido que resulta del gigante español y una coneja híbrida blanca. Con este cruce, consigue un animal de ojo negro, de crecimiento más lento, canal más estirada y la apariencia de producto artesanal. De nuevo ya está preparando el terreno para una futura línea de ecológico.

Campanales trabaja su propia raza, un animal de ojo negro de crecimiento lento y canal más estirada

Durante la visita también tuvimos tiempo de ver en funcionamiento la fábrica de pienso para su autoconsumo, que tiene capacidad para producir 1.000 toneladas al mes y es bastante peculiar porque trabaja con tres fibras diferentes, las cuales se almacenan en tres silos especiales: alfalfa, lavanda y veza-avena. Lo que más llama la atención al entrar en el recinto es el agradable olor a plantas aromáticas, una sensación atípica en este tipo de instalaciones. Para esta línea de negocio trabajan con 11 materias primas, buscando la proximidad. “El 85% de nuestros productos provienen de agricultores locales”. Aragón, por ejemplo, es el principal productor de alfalfa del mundo. A diferencia de la mayoría de explotaciones, que compran la alfalfa granulada, ellos la adquieren directamente al productor, y además con una calidad excelente: más del 18% de proteína, cuando lo normal sería el 14%. “Las fábricas de pienso se han dormido comprando solo productos industrializados y han reducido en su esquema la capacidad de compra, errando en su plan de negocio”, critica Michel Campanales, “nosotros, sin embargo, compramos la materia prima y nos encargamos de la transformación directamente, ya que tenemos una deshidratadora de forraje fusionada a una fábrica de pienso”.

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Vista aérea de Granja Campanales.

Cerca de la fábrica tienen un cobertizo de 3.500 metros cuadrados, en el que almacenan alfalfa y enormes montones de materias primas, que usan en sus piensos junto con la granilla de uva que compran en las bodegas. “Mis abuelos ya utilizaban estos recursos”, recuerda Michel, “antes no había piensos, y alimentaban a los conejos con romero, espliego y otras plantas de temporada. A veces nos complicamos demasiado la vida”. Son precisamente estos ingredientes diferentes los que hacen que sus canales sepan de manera especial. También introducen en sus piensos salvado, cebada y pipas de girasol enteras, eliminando la aportación de grasas industrializadas. La proteína la aportan con colza no transgénica procedente de Bretaña. Sus dietas carecen, de manera estricta, de O.G.M.1 -0,0%-.

El tema de nutrición y prevención patológica en esta empresa lo lleva el veterinario especialista Ángel Mateo desarrollando el diseño de programas de desmedicalización con Carlos Perpiñán, veterinario especialista en plantas aromáticas y medicinales que incorporan a la dieta de las madres una correcta dosis de antioxidantes y biofenoles, que hacen posible que los animales luzcan jóvenes y bellos, con un aspecto perfecto y manteniendo un nivel productivo muy elevado. En la nave de maternidad, por ejemplo, hay conejas que van ya por 14 partos, y no presentan diferencias destacadas con las primerizas.

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Los nidos son simples cajones de madera que se limpian a pistola.

Viven cómodamente en jaulas de mayores dimensiones que las convencionales -60 por 60 cm- y se trabaja con el sistema de 11 días posparto, en bandas de 21 días y con una baja densidad en el cebo.

Los frutos de todo este trabajo se pueden ver en el producto final; una canal con un sabor diferenciado y exquisito, con una prolongada duración fresca, y que puede encontrarse en las carnicerías gourmet. •

1 Organismos genéticamente modificados.

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