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Familia Martí-Carbó: un ejemplo de reconversión ganadera

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En casa de Ramon Martí y Pilar Carbó siempre han conocido el trabajo en la granja. La cunicultura para ellos es más que una forma de ganarse la vida: es la actividad a la que se han dedicado en los últimos 30 años. Cuando vivía en casa de sus padres, Pilar criaba conejos y ovejas e incluso aprendió la apicultura...

Familia Martí-Carbó: un ejemplo de reconversión ganadera

Marisa Montes

redaccion@avicultura.com

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Ramon Martí, Pilar Carbó y su hijo Oriol, que quiere continuar la tradición familiar.

En casa de Ramon Martí y Pilar Carbó siempre han conocido el trabajo en la granja. La cunicultura para ellos es más que una forma de ganarse la vida: es la actividad a la que se han dedicado en los últimos 30 años. Cuando vivía en casa de sus padres, Pilar criaba conejos y ovejas e incluso aprendió la apicultura. Después, una vez casada con Ramon, se dedicaron a la cría de pollos y conejos, pero llegó un momento que tuvieron que decidir: o una especie o la otra. No dudaron en decantarse por la cunicultura, con la que dicen tener una relación especial. Así, la nave de pollos tuvo que adaptarse totalmente, y hoy en día cuentan con una cuidada explotación rodeada de viñas en el núcleo conocido como La Bleda, en la comarca del Alt Penedès catalán.

Empezaron poco a poco. “Las cuatro conejas que tenía en el patio de casa de mis padres siempre me llamaron la atención”, recuerda Pilar, que reconoce que siempre quiso ganarse la vida con “alguna cosa propia”, así que arreglaron la bodega –antes se dedicaban a hacer su propio vino- e iniciaron un pequeño negocio que ahora se ha convertido en más de media docena de naves, con ciertos detalles llamativos que no suelen verse por las granjas catalanas.

Se trata de un negocio familiar que empezó con 50 animales y que ahora supone más de 2.000 conejas. Trabajan con tres bandas únicas

La visita la empezamos por una nave de engorde de tipo abierta. Nos dicen que aquí comenzó todo, y de hecho nos explican que fueron dotándola de elementos progresivamente: cuando tenían dinero para las jaulas las ponían, cuando tenían para las tapas las colocaban, y así sucesivamente. Tras este espacio, donde realizan un manejo “más casero”, entramos en una nave con las madres de los conejos que acabamos de ver, que en aquel momento contaban con 35 días de vida. En esta segunda nave toda la instalación cuenta con ventilación forzada y alimentación automática, mediante el sistema de distribución de pienso de Gómez y Crespo, que también es el fabricante de las jaulas que usan.

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Vista de la nave abierta donde tienen una parte del engorde.

Cuentan con reguladores de la ventilación y paneles de refrigeración que son especialmente útiles con las altas temperaturas del verano, abriéndose más o menos en función de la temperatura que haya en el exterior. Pero además, la temperatura y la humedad se regula mediante un ordenador que es capaz de mantener en la granja los parámetros deseados. “Automatizar toda la granja cuesta bastante dinero”, explica Ramon Martí, “y la mayoría de gente no lo hace porque no creen en ello. Nosotros sí”, asegura, resaltando que quizás es lo más importante que tiene su explotación. No en vano cuentan con la seguridad de que si hay algún fallo en la instalación, la central de alarmas les llama directamente al móvil. “Además a través del teléfono también podemos acceder a los ordenadores de la ventilación”, añade Martí.

La temperatura y la humedad se regula mediante un ordenador que es capaz de mantener en la granja los parámetros deseados

La desinfección de las naves -que miden 40 por 14 metros cada una- también es automática, a través de un robot que regula el tiempo y va limpiando con aire y agua, mezclando ésta con el desinfectante, creando una nube allá por donde pasa. También realizan el vacío sanitario y disponen del carro de limpieza de Cuniequip.

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Para desinfectar cuentan con un robot que regula el tiempo y va limpiando con aire y agua, creando una nube allá por donde pasa.

Cuando la nave queda vacía, recogen los restos de pienso, tiran espuma enzimática y una vez espumada toda la granja, se limpia con agua a presión. Se extrae el estiércol y se acomete una desinfección a fondo, durante dos días, con la granja cerrada.

La reconversión de la granja desde la avicultura a la cunicultura tuvo lugar hace dos años. Sabían que tener dos especies animales no era lo más aconsejable por los patógenos que podían propagarse. A ellos les gustaba la idea de que controlaban todo el proceso en la cunicultura, incluyendo la maternidad, mientras que con la cría de pollos estaban integrados y no tenían poder de decisión en muchos casos. “Ahora las tareas son nuestras y nos lo combinamos entre todos para hacerlas”, explican.

En la granja ayuda toda la familia, aunque a tiempo completo trabajan Ramon y Pilar y además otras dos personas que tienen contratadas. En verano, cuando el hijo mayor, Oriol, está más libre, también contribuye. “La granja necesita cuatro personas todo el día, a pesar de estar todo automatizado”, dice Ramon Martí.

La explotación cuenta también con otras dos naves de madres que hacen dúo con sendas naves de engorde, además de una séptima nave de reposición, en la que disponen de los nidos de urgencia, que a veces hacen falta, puesto que tienen una fertilidad alta. Una de estas naves de conejas estaban acabadas de inseminar el día de la visita. En total, se trata de un negocio familiar que empezó con 50 animales y que ahora supone más de 2.000 conejas. Trabajan con tres bandas únicas y cubrición a 11 días posparto. Según esta organización del trabajo, dedican el jueves –cada dos semanas- a inseminar. También realizan la lactación controlada. Dos días antes del parto se abren los nidos, que están hechos sólo de viruta.

No tienen problemas para aprovechar el estiércol que producen. Lo usan todo para sus viñas y las de los alrededores del Penedès

El programa de luz que aplican va de la siguiente manera: desde el momento del parto hasta una semana después de la inseminación artificial dejan la luz 16 horas diarias; a partir de aquí, luz natural. Con este control de la iluminación se consiguen unos mejores índices productivos, puesto que, como diversos autores han puesto de relieve, la iluminación puede tener efectos positivos en fertilidad y fecundidad, así como en la cantidad y calidad del eyaculado en los machos.

La familia Martí-Carbó disfruta enormemente con la actividad cunícola. Ramon comenzó a formarse en una escuela agraria, donde se tocó el tema del conejo, y que además incluyó la visita a algunas granjas. Posteriormente realizó estudios específicos de cunicultura y terminó de formarse con la ayuda de los veterinarios que han pasado por su explotación. Muchas cosas han cambiado desde que comenzó a dedicarse a esto. Como él mismo recuerda, “antes en las granjas se ayudaban los propios vecinos entre sí. Ahora todo es más individualista”.

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Cuentan con Tashia y el sistema de Dosatron para mantener el agua en buenas condiciones.

Aunque tenían claro que el conejo como especie les gustaba más que otras, porque les cae “más simpático”, reconocen que es un trabajo bastante sacrificado, en el que hay que hacer tareas muy diferentes, desde inseminar hasta mirar si quedan preñadas, pasando por el control del pienso o incluso poner vacunas. En este sentido, trabajan con la red UPV para la inseminación artificial, aunque la aplican ellos mismos. La genética también es valenciana, y el programa de vacunas que siguen, muy completo: a los dos meses y medio, mixomatosis; a los tres meses, RHD; a los cuatro meses, mixomatosis, a los cuatro meses y medio, otra vez vírica, y por último, cada seis meses realizan una revacunación de todo otra vez.

En cuanto a la alimentación, suministran varios tipos de pienso: uno específico para conejas jóvenes, otro para madres, más energético; otro pienso más fibroso para engorde y, por último, el de retirada. Debido a los diferentes tipos de pienso y el hecho de que haya varias naves, en la explotación hacen falta 16 silos, que suministra TIGSA. Junto a ellos, una báscula profesional les da la posibilidad de pesar el camión con el pienso o los conejos cuando salen para ir al matadero, otro detalle que tampoco es común en las granjas cunícolas, y menos de la zona.

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Ramon Martí palpando a una coneja para comprobar si está gestante.

No tienen problemas para aprovechar el estiércol que producen los animales. Lo usan todo para sus viñas y las de los alrededores del Penedès, toda una suerte para ellos, puesto que si bien normalmente el tema del estiércol da algún dolor de cabeza, en su caso está muy valorado como abono para este tipo de cultivo.

Otro tema a destacar a nivel de manejo es el que tiene que ver con evitar el estrés por ruido. Hace un tiempo era un problema para ellos, puesto que por la zona pasaban muchos vehículos, y este tráfico tan intenso hacía que temblara toda la granja. Los conejos sufrían este inconveniente, que afortunadamente cambió con el rediseño de la red de carreteras. Actualmente mantienen la radio puesta como sonido de fondo en las naves, y así los animales se acostumbran a la voz humana y no se espantan con la entrada de las personas al recinto.

También es importante tener bien clasificadas a las conejas y llevar un buen control. En este caso, si bien reconocen que se puede hacer perfectamente mediante ordenador, algo que hubiera cabido esperar en una explotación donde todo está automatizado, en su caso han preferido llevar las fichas de los animales perfectamente al día, pero rellenarlas a mano, como se ha hecho toda la vida. “Si cambiamos una coneja de lugar, su ficha se mueve con ella”, explican. Es lo más práctico, y todo el mundo lo entiende, a diferencia de lo que puede ocurrir con el control por ordenador.

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La UPV les proporciona las dosis para inseminar. Sobre las jaulas también pueden verse las fichas de control.

El respeto que tienen hacia la actividad cunícola explica que esta familia se decantara por la cría de conejos frente a la avicultura, cuando en la mayoría de ocasiones las decisiones que se toman van al contrario. “La mayoría de la gente elige la avicultura porque es más fácil”, aseguran, “te da menos trabajo y corres menos riesgos, aunque para nosotros no tiene nada que ver. La sensación de entrar en una nave de madres y escuchar el sonido de 5.000 conejitos mamando a la vez es indescriptible”, cuenta Pilar.

Aunque no todo fue coser y cantar. Adaptar la nave de pollos a una nave cunícola supuso una reforma importante, que consistió en levantar los pasillos, cambiar la ventilación, montar las jaulas y toda la instalación eléctrica, dotar de entradas de aire… Una inversión importante que por aquel entonces acometieron con una ilusión que ahora empañan a menudo las estrategias desleales de las grandes superficies. “Si en aquella época nos hubieran dicho que ahora el sector estaría en estas condiciones, no nos lo hubiéramos creído. Era impensable”, se quejan.

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La granja posee una báscula en la que se puede pesar el pienso o los conejos antes de partir hacia el matadero.

De hecho, critican que el momento “tan crítico” por el que pasa la cunicultura es en buena parte culpa de una política comercial que ha llevado a algunos compañeros a cerrar. “No entendemos esta guerra de precios”.

Pero ellos, a pesar de todos los inconvenientes que puedan tener, intentan ganarse la vida. Llevan a sacrificar sus conejos al matadero de Venanci Moncada, a 40 kilómetros de la granja, y esperan que el negocio familiar tenga continuidad con su hijo Oriol, que, a sus 15 años y en 4º de ESO, ya ha manifestado interés por la actividad cunícola. “Siempre me pregunta cuánto han pesado los conejos, si ha llegado el camión o no, etc. Por ahora dice que sí, que quiere continuar”, comenta su padre. Ahora Oriol deberá decidir dónde continuar sus estudios, que serán o bien una ingeniería agrónoma o bien un módulo agrope-cuario. “Puede que la falta de relevo generacional que durante años ha sido un problema para la cunicultura esté poco a poco cambiando”, reflexiona Ramon Martí, porque ahora, con la falta de trabajo, “hay que cada vez más jóvenes que se decantan por seguir con el negocio familiar”.

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